11 de septiembre de 2010

Tu noche fue mi luz

Ni la vista refulgente de un castillo
a orillas de un mar oscuro
habitado por millones de matices
y nutrido por trillones de sabores
se atrevió a distraer la hermosura de tu mirada.

Las luces de la costa eran magros espectros
al lado del calor de tu sonrisa.
Esa sonrisa que me persiguió por horas
y que ahora me lastima
por no tenerla frente a mí,
aunque el recuerdo de su universo
me hace
no querer dormir,
ya que ninguna fantasía
podría compararse con sus maravillas.

Tu seráfica voz rogando que te cante,
mi timidez queriendo dormir en tu paz,
tus pasos telúricos destruyendo mis cimientos,
tu aroma a pasado arrinconado y promesa de futuro,
mi silencio ante el hechizo de tu sola presencia…

El abrazo de tu medianoche
es uno que quisiera que fuera el del primer día
de una vida que es probable no me merezca…

El arrullo de tu piel
tal vez sea el sereno viento
que falta para que mi barco leve anclas
hacia el astral horizonte de mi mundo real.

Tal vez nunca te merezca,
tal vez no pueda darte un ápice de lo que deseas,
a lo mejor no puedo ni alcanzar el verme reflejado en tus mágicos ojos una vez más,
es posible que ni llegue a ser premiado con el blando gusto de tus besos…

Pero solo el haberte visto mirarme así,
solo el haber tenido que esconderme detrás de mí mismo
para descubrir de reojo el cielo en el que me encerraste,
es suficiente para redimirme de mis más lúgubres infiernos.

No tengo nada para darte
ni siquiera el valor de tomarte de la mano.
No tengo nada para salvarte
del dolor que sientes al recostarte
sola
en tu cama.

No soy tal vez el ave que deba encumbrarte a tus ilusiones.
No soy tal vez quien deba escribirte estas líneas de esperanza
ansiando apagar tu llanto.
Pero soy por lo menos quien esta noche,
en un indestructible abrazo
-el primero de tu nuevo año-
sintió que su mundo errático y sin órbita
se ordenaba en tus ardientes poros.

Si hay algo más que puedas darme,
si algo siquiera pueda darte yo,
no lo puedo saber
ni quiero ser tan temerario como para esperarlo.

Me basta para morir sonriendo el saber que esta noche
-tu noche-
estuve en tu mente.

No quiero saber nunca que no estaré a tu altura.
Prefiero guardar esta noche.
Con tus abrazos.
Con tus atisbos.
Con tus suspiros.
Con tus preguntas…

Si eso es todo lo que merezco de ti,
que ello sea entonces lo que me haga más feliz que ayer.

Que esta, tu noche, lleve mi nombre, es todo lo que necesito.

04NOV2009


0 comments:

Publicar un comentario

El autor

Mi foto
No me gusta mi nombre. Quienes me conocen me dicen JEES, pero Google no me deja ponerlo arriba.

Fui director de la revista de primaria de mi colegio, entrevisté a un futuro dos veces expresidente del Perú a los doce años y me metí en mi primer lío (serio) por escribir lo que pensaba en cuarto de secundaria.

Saliendo del colegio ingresé a la Facultad de Teología porque quería ser sacerdote, pero me curé a tiempo. Luego estudié filosofías orientales y terminé recibiendo iniciación brahmínica en la India en 1994.

Fue ahí donde un sadhu leyó mi carta astral y me dijo: "veo comunicación, comunicación, comunicación". No fue una sorpresa.

Me gradué de publicista, me dediqué principalmente al Periodismo, soy todo lo contrario a un relacionista público y tomo muy malas fotos pero mi sueño es ser fotógrafo. Por eso prefiero decir que soy comunicador.

Entender el internet, las herramientas digitales y las redes sociales se me hace misteriosamente sencillo, así que decidí dedicarme a solucionarle la vida a quienes se les complica con la modernidad.

Enseño hace casi veinticinco años. Hace cuatro en la Universidad Inca Garcilaso de la Vega y hace uno en el Instituto San Ignacio (ISIL).

El número 3 y sus múltiplos me persiguen. Por eso blogueo de tres maneras: 
  • Opino aquí.
  • Cuando me inspiro, publico aquí.
  • Si sobra algo, está aquí
Aunque Facebook no me quiere, algunos de sus usuarios sí.