20 de agosto de 2010

Golpe de muerte

Amo las calles vacías,
aquellas en las que el cielo no ha vertido su condena
ni el infierno su blanda piedad.

Era una noche de calle vacía,
caminaba escoltado por mis escombros,
mi reflexión recordaba aquellos días
en los que mi imaginación le imploraba a mi experiencia.

Minutos después,
sitiado por el ruido del silencio invidente,
mi experiencia cubrió la boca de mi imaginación
la arrastró a un callejón y la saqueó.

La tomó del cuello y la empujó contra la pared,
le taladró la yugular
con el arrebato del cariño infinito
y la abandonó a su suerte
en un orgasmo desahuciado.

Le robó sus ropas
y las echó al riachuelo del tiempo
y le dijo de lejos que sus servicios
ya no le eran necesarios,
que la realidad la había arrasado hacía mucho.

Y le arrojó una moneda desgastada…
“Es para que elijas tu destino”.
Y se rió como las risas inventadas.
Y no miró para atrás,
no, nunca jamás.

Mi imaginación ni se arriesgó a pararse.
Y, mirando la moneda con ojos de esperanza dilapidada,
puso dos dedos sobre ella y la llevó mansamente
hacia la llaga que jamás cerraría.

Amo las noches vacías…
en las que nadie ha llenado el espacio
con sus lapsos, con sus quimeras.

Amo las noches vacías
en las que tus vacíos son mis llenos,
en las que el atajo se vuelve la meta.

En las que mi frío alumbra más que tu Sol.


1 comments:

  1. Wow! Miraflores 3am un día de semana, todos duermen el callejón es entre la Parroquia y el municipio ese es el escenario principal en mi mente....¡talento total! se me antoja algo bizarro dice mucho del autor, buen momento de inspiración.

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El autor

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No me gusta mi nombre. Quienes me conocen me dicen JEES, pero Google no me deja ponerlo arriba.

Fui director de la revista de primaria de mi colegio, entrevisté a un futuro dos veces expresidente del Perú a los doce años y me metí en mi primer lío (serio) por escribir lo que pensaba en cuarto de secundaria.

Saliendo del colegio ingresé a la Facultad de Teología porque quería ser sacerdote, pero me curé a tiempo. Luego estudié filosofías orientales y terminé recibiendo iniciación brahmínica en la India en 1994.

Fue ahí donde un sadhu leyó mi carta astral y me dijo: "veo comunicación, comunicación, comunicación". No fue una sorpresa.

Me gradué de publicista, me dediqué principalmente al Periodismo, soy todo lo contrario a un relacionista público y tomo muy malas fotos pero mi sueño es ser fotógrafo. Por eso prefiero decir que soy comunicador.

Entender el internet, las herramientas digitales y las redes sociales se me hace misteriosamente sencillo, así que decidí dedicarme a solucionarle la vida a quienes se les complica con la modernidad.

Enseño hace casi veinticinco años. Hace cuatro en la Universidad Inca Garcilaso de la Vega y hace uno en el Instituto San Ignacio (ISIL).

El número 3 y sus múltiplos me persiguen. Por eso blogueo de tres maneras: 
  • Opino aquí.
  • Cuando me inspiro, publico aquí.
  • Si sobra algo, está aquí
Aunque Facebook no me quiere, algunos de sus usuarios sí.