1 de noviembre de 2011
20 de junio de 2011
Huida de mi (v)ida
sabiendo que esta es la noche en que se roba mi alma.
Los santos mueren jóvenes
(pero yo solo he violado deidades
he ensayado mil eutanasias
he prendido hogueras de voluntades).
Me trituro pero no me quiebro
al saberlo
y no poder contarlo a nadie
(con lo que me cuesta escribir estas líneas).
Esta noche me iré
y nadie estará para arrullar mi travesía.
Esta noche me robarán mi tiempo
(y el ladrón
-impune-
seguirá robando).
Me desnudo ante el espejo de la noche
y mi reflejo está henchido de pasado.
Me corto con el espejo de la noche
y ya me he ido
he descansado.
Sin ceremonias,
sin ovaciones,
sin discursos,
sin medallas...
(Ya me había ido incluso antes de arrancarme estos suspiros finales).
Y mi único legado son mis palabras,
lo que escribí
lo que dije
lo que tal vez nadie nunca entendió
y solo hoy
(que no estoy)
será alimentado por mi despedida.
Esta noche he muerto.
Y mañana he resucitado.
(...)
30 de mayo de 2011
Con vexo
al quizá de tus palabras
que no calman
-no son magia-
que no oran por la vida
ni se lían con la muerte.
Mi dicha no es trofeo
ni tus muecas son laureles,
son medalla de tu olvido
y de pistas que he perdido
en trayectos consumidos.
Una violeta se asoma
a la vuelta de tu retina
recorriendo con su tallo
la cansina hipocresía
de un amor que no camina
de un fulgor que no me anima.
El cuervo anuncia el fin
y la procesión
-que siempre va por dentro-
se desploma sin fanfarria
del suelo al cielo
que tu guiño ha convertido
en el limbo más perverso.
Eres un salmo a mi muerte
eres la rima de mi suerte.
El sendero que me aplasta
y calcina mi esperanza.
No te has ido de mi vida
te has quedado para siempre
en mi sangre
en mis poros
en el incendio de tu olvido.
Mis paredes me encierran
en ti
y tus prados me redimen
de mí.
Calma exige mi quebranto,
agonía
peso
y llanto.
No me voy si tú me olvidas,
no me quedo si te alejas.
No me aterra tu partida,
si en mi alma ya no habitas.
Has dormido mi pasado
y has matado mi futuro.
La melodía sacrosanta
que sin ritmo claro bailo
no es tu ausencia
ni es mi presa
es vivencia de violencia.
Y tú lloras.
Y yo...
No, no lo sabrás.
Jamás.
8 de diciembre de 2010
115
9 de octubre de 2010
Extraño
11 de septiembre de 2010
Tu noche fue mi luz
20 de agosto de 2010
Golpe de muerte
9 de julio de 2010
Cuando los padres matan a sus hijos
Pero es aún más complejo cuando tu padre te asesina. Cuando él se cree el único usufructuario de un apellido del que ha hecho una marca patentada y con derechos de autor, cuando cree que solo él “se merece” destacar en ese rubro y que no solo sus enemigos (que son muchísimos) no deben atreverse a pisarle los pies, sino que sus propios hijos son una amenaza a su vaporoso imperio.
La prensa satura portadas con lóbregas historias de hijos ruines que asesinan a sus padres por una herencia. Se habla hasta el hartazgo de padres desnaturalizados que golpean con fierros, queman con planchas o matan a sus hijos con veneno para ratas. Pero nadie habla de este otro asesinato: el de progenitores que menoscaban y denigran el profesionalismo y el nombre de sus descendientes y que, peor aún, muestran públicamente y casi con orgullo una turbia envidia, desacreditando las tareas profesionales que sus hijos realizan.
¿Mi pecado? Que mi padre haya decidido llamarme como él y que yo no haya elegido invertir dinero en un restaurante o una lavandería, sino horas en escribir. ¿Mi desliz? Haber decidido salir adelante por mi propia cuenta, demostrando mi propia capacidad (mayor o menor que la de mi padre, eso no corresponde a este análisis), luchando contra el caprichoso rótulo de “hijito de papá”. A pesar de que no solo no trabajo con mi padre, sino que ni siquiera me dirige la palabra, me gano gratuitamente las antipatías que ha cosechado en su trayectoria, admirable para muchos, vergonzosa para otros.
Para mí, mi padre no es lo mismo que para su público. Es simplemente mi padre, a quien, al mirarme al espejo, reconozco todos los días en mis rasgos y a quien siento en mi sangre cada día con tristeza, con el dolor de un hijo que quisiera que su padre no fuera ni el dios ni el demonio que es para miles de personas. Solo quisiera que se hubiera quedado como dios para mí, pero tengo que resignarme a ver cómo se porta como demonio con su propia sangre.
Yo no soy “hijo” de nadie. Soy un ser humano que ha forjado sus virtudes y defectos y me hago responsable de mis frutos y mis faltas. No culpo a mis padres por los errores que cometo y tampoco les reconozco lo que logro, simplemente porque ellos no actúan a través de mi cuerpo. Ser su hijo no me convierte en su fantasma, ni en su sombra, y menos aún en el curador natural de sus erratas.
Los dos Escardós tenemos derecho a ser felices y a sentir que somos buenos en lo que hacemos. Y Enrique Escardó Vallejo no tiene derecho a denigrar a su hijo, a esa persona individual que él trajo a este mundo y que –quiera o no, y esto en ambos sentidos- es sangre de su sangre.
Jose Enrique Escardó Steck sigue en la brega, saliendo adelante con una mochila abarrotada de deslices y beneficios endosados, sin recibir –porque no quiero- de mi padre un centavo ni un puesto de trabajo. Y, si por ello soy mal hijo, entonces que me enseñe, con su sapiencia, lo que otros admiran de él, no siendo un padre que mata a su hijo. Si me dan a escoger, prefiero el veneno para ratas.
Escribo mientras veo a mi pequeña hija jugar, llenándome el alma con sonrisas que son el cielo para mí. Y pienso que puedo sacar algo positivo de todo esto: luchar porque esa sonrisa prodigiosa de una bebita que me mira como su superhéroe no se vuelva nunca en silencio y lejanía por mis malas decisiones, mi mezquindad, mi desamor o mis patologías. No he sido el mejor hijo del mundo, lo reconozco y me pesa el haber herido a mis padres en algún momento. Pero, he pedido suficiente perdón con palabras y actos, y cuando he tenido que salir a defender a Enrique Escardó Vallejo de sus propios y múltiples errores, aún a costa de mi propio nombre, lo he hecho. Pero, es triste para mí saber que él jamás lo hizo, sino que se empeñó en hacer exactamente lo opuesto, dinamitando mis esfuerzos, denigrando mis labores, disparando a mis intentos, utilizando mi buena voluntad y pagándome con manos vacías, desprecio y rechazo.
Yo sí quiero ser el mejor padre para mi hija, a quien yo he traído al mundo sin que ella me lo pida, y es obligación mía, hasta el último respiro de mi existencia, cuidarla, protegerla y sentirme orgulloso de que crezca y, algún día, ojalá, sea mejor que yo. Y que mi apellido sea engrandecido por ella. Y, si en algún momento alguien quiere ponerme en su contra, primero iré a hablar con ella y le creeré a ella más que a nadie, así sea mi mejor amigo o mi mejor cliente. Porque nadie, NADIE, estará nunca por encima de ella.
Los padres que matan a sus hijos con veneno de ratas ya no pueden retroceder, sus hijos se les fueron. Pero los padres que, como Enrique Escardó Vallejo, matan a sus hijos en vida, están a tiempo para recapacitar e irse de este mundo con el respeto y amor de quienes hoy sus anómalos orgullos pisotean.
19 de mayo de 2010
El esqueleto que me queda. ¿Qué me queda?
1 de febrero de 2010
Al final
13 de noviembre de 2009
Abiectus
6 de octubre de 2009
Se fue
28 de septiembre de 2009
[C]alma en porciones
25 de agosto de 2009
Quiero
23 de agosto de 2009
Te ganaste mi cielo porque me diste el tuyo.
En cada recuerdo de mi niñez, siempre estás tú, con tus sonrisas celestes, tus barbas que crecían y cortabas, tus esfuerzos porque cada día fuera mejor que el anterior, tu amor inquebrantable y desinteresado.
Aún cuando te pagaba mal, estabas a mi lado para recogerme si me caía. Y me enseñaste a dar más de lo que creía tener y a recibir lo que me merecía.
Largas horas de sobremesa hablando de tanto. Siempre decías que una de las cosas que más disfrutabas en la vida eran esas conversaciones conmigo al final de las comidas. Hablábamos y aprendía tanto de tu inteligencia y sabiduría y tú tenías la humildad de decir que aprendías de la mía.
Cuando yo decía, de niño, que algo no podía, me demostrabas que sí lo lograría. Nunca dejabas que dijera que no conseguiría terminar algo que empecé. Despejabas la mesa del comedor para los rompecabezas de miles de piezas, que no dejabas que sacaran hasta que pusiera la última pieza, y luego los enmarcabas y colgabas en la pared como un trofeo más valioso que tus logros militares.
Cuando nadie quería ni verme, cuando todos perdieron la fe en mí, ahí estuviste. No tenías dinero ni para comer y partiste tu alimento conmigo. Me diste un hogar cuando nadie quería recibirme y tus consejos cuando nadie creía que yo era rescatable.
Cuando me equivocaba eras estricto y duro, pero eso me hizo fuerte y seguro de mí mismo. Siempre querías desayunos, almuerzos y cenas con todos presentes, sentados a la mesa y compartiendo en familia. Si no los conseguías, tu frustración hacía temblar los mares y la casa se llenaba de huracanes.
Me enseñaste lo que sé. Me diste lo que tengo. Me hiciste lo que soy. ¿Qué más puedo decir del hombre que me cuidó más que nadie? Solo que hoy descanse en paz como se lo merece. Hoy su cariño proverbial, sus lágrimas de felicidad por cada pequeño logro mío, sus oídos que nunca prefirieron escuchar sus placeres antes que mis dolores y su voz que era el sándalo de mis infiernos, descansan en paz en los corazones de quienes lo amamos.
Me sentiría el mejor padre de la historia si algún día mi hija pudiera decir de mí la mitad de lo que yo puedo decir de ti. Y, como te lo puse en una torta que te regalé en uno de tus últimos cumpleaños, siempre lo diré, cada 16 de octubre de ahora en adelante: “Feliz cumpleaños, PAPÁ”.
Descansa en paz tío Oscar. Perdóname por no haber estado a tu lado al final, pero tú sabes que moría algo en mí cada vez que te veía así y sé que tú no querías verme llorar por ti.
16 de agosto de 2009
Venaeterna
Me la han donado los fantasmas
de a quienes la vida arranqué.
Mis suspiros no calientan
en mis entrañas de éter
de fragmentos
de súplicas
de llantos
de muerte
de inmortalidad.
Me impulso por la penumbra
olfateando las intenciones
de quienes viven de la apariencia
clavando en caída libre
mi esperanza en sus cuellos desconsolados.
Mi lóbrega presencia destruye
lo que da convicción a tus pasos.
Un éxtasis tras otro
orgasmos de pupilas
y de huellas dactilares.
Mis oídos yacen en el mantra:
“Más allá de lo pálido
todo es negro
y no hay vuelta atrás”.
Me miras…
Me pides que no lo haga…
Me ruegas que siga…
Tú jadeas, yo gruño.
Y ya eres presa de mi cárcel:
domada presa de mi cárcel eres.
De tus mansos sueños te sacudirás
solo para volverme el protagonista de tus pesadillas.
Después de mí no hay después.
Después de mí solo hay ausencia.
Después del terror de tenerme
solo existe el terror de no recuperarme.
Tus madrugadas serán peligrosas.
Las deidades del lamento
volverán
cuando menos las invoques.
Y tu tacto se trastornará
sin poder volver a sentir
JAMÁS
aquel impetuoso sendero
en el que mi gélida piel te inició.
La vida es sueño
cuando no tienes un dueño.
Y los sueños sueños son
cuando no alcanzas mi perdón.
Tus lágrimas se despeñan en silencio
cuando tus sonrisas se coagulan entre las luces.
Las compañías no llenan vacíos
cuando los recuerdos entierran tus monólogos.
No es lo mismo nada
cuando el cielo atranca sus verjas
y yo me como la llave
y corto mis venas sin morir
NUNCA.
La sangre que corre
por –las que alguna vez fueron- tus venas
ya no es tuya.
Y te nutrirás de ella eternamente…
hasta que mi daga de plata
sepulte en mi corazón
con la fuerza
de quien no quiere más de nada.
Yo vivo en tus sentidos
y no sucumbo jamás
porque yo vivo porque quiero
y muero cuando decido.
12 de agosto de 2009
JEEStigmas
porque si me hieres mi sangre será lava perenne
que hundirá sus garras en tus más bellas claridades,
en el terror de recordarme.
Cada lágrima que engendren tus uñas en mi carne
tendrá como réplica años de puñales en tu alma.
Cada farsa que fabrique tu cínica mirada
tendrá como recompensa
una pesadilla por cada día de haberme conocido.
Mi tiniebla se posa en tu futuro,
mis arcángeles cercan tus universos
incubando inmortales pestes en tu esperanza,
implantando excremento en los ángulos
de tus mil y un forzadas sonrisas.
Apestas a mí por el resto de tus días
y por más que te laves
tu luz he desaparecido.
Cada sombra que veas tendrá mi perfil
y la pena que alguna vez me produjo tu pobreza
se torna carcajada en cada uno de tus derrumbes.
Cada promesa incumplida será una llaga en tu frente.
Cada falla apercibida será una piedra en tu zapato.
Cada talento enterrado será una grieta en tus fantasías.
Cada recuerdo taladrará estigmas en tus muñecas.
Tu dios será un títere muerto en mis manos.
Tus gritos serán la brea de tu hoguera.
Tus arrepentimientos girarán el potro de tu sacrificio.
Y mi risa
-santa y pecadora-
será el infecto escenario de tus llantos.
Me trago tu pena como si fuera un dulce infantil.
Me burlo de tus dolores como si fueran esqueletos de maniquíes.
Me ausento de tu presente con mi eterna omnipresencia.
Te demuelo cada vez que te miras
en el vasto vacío que de ti has hecho.
Y no me esfuerzo ni lo pienso.
Te sacude en automático
porque:
Soy tu Karma.
Soy la rueda que atoraste.
Soy el perfume de tu mierda.
Soy el aborto de tus utopías.
Mis ángeles son tus demonios
Ellos vuelan sobre tu
FÉTIDO
cadáver.
Por tocarme y haberme herido
hoy estallas
y es solo el inicio
de tu destrucción, de tus abismos.
30 de julio de 2009
La alegría de los demonios
dulce es su sueño desde hace ya algunas noches.
Las lágrimas de ayer hoy son solo agua
de una lluvia intrusa que por el desagüe se marchó.
El corazón late al ritmo de la certeza
de que quien pierde es quien quiere ganar.
El alma se eleva henchida de paz
cuando la esencia prima sobre la mezquindad.
Una feria se instala en mi éter,
una celebración de danzantes [ángeles con colmillos].
Se reconcilia el fresco pasto de mi esperanza
con el fétido estiércol de tu recuerdo.
Y brincan
de júbilo
de vuelta en mi luz
las sombras clonadas que te llevaste contigo.
Los llantos que secaron noches de pesadillas
hoy baldean un pasado que enseña con sabiduría.
Las tragedias hoy han cerrado sus negras fauces
y en comedia se han vuelto:
alba comedia sin personajes.
Me marcho al futuro lleno de hambre de vida
viajando por sendas de paz, sembrando semillas.
No rugen más los monstruos que obstruyeron mis caminos,
hoy trinan los canarios de aquella esperanza que creí perdida.
La diferencia
entre el yo de ayer
y el yo de hoy
es transparente como el agua:
Cuando es tormenta demuele murallas…
Cuando es rocío
y reposa en los pétalos
se vuelve sonrisas…
‘Quien pierde es quien cree ganar’, me repito en silencio.
La calma ha llegado,
se ha ido la espera,
han vuelto mis ángeles.
Mis ángeles [que son tus demonios].
Mis ángeles [que construyen tus infiernos].
Mis ángeles [que advierten con trompetas].
Mis ángeles [que asolan tus pórticos].
La tumba está servida…
El cementerio del amor abrió sus rejas.
Pasen y vean el mausoleo de nada que le he construido
a quien creyendo ganar todo lo ha perdido.
10 de julio de 2009
Entristece
ver las sonrisas con que encubren su dolor
las almas que buscan en la noche
lo que el día no les da.
Me entristece el alma
que las buenas fachas
oculten solo pesadillas
que le corren a la esencia.
Me entristece el alma
que la música tenga que estar tan alta
para no escuchar
los desgarros del propio corazón.
Me entristece el alma
que el alcohol tenga que llenar el vacío
que dejan tantas lágrimas ahogadas.
Me entristece el alma
que los niños deban dormir solos
mientras sus padres se mantienen verticales
gracias a “amigos” que solo quieren verlos horizontales.
Me entristece el alma
que la realidad sea tan dura
que uno crea que bailoteando se pasan los terrores
y que las cámaras lo hacen sentir a uno
mejor de lo que se atreve a creerse.
Me entristece el alma
ver los sentidos vacíos
llenarse con luces que no guían hacia ninguna paz
sino solo a la distracción de la propia oscuridad.
Me entristece el alma
ver que lo normal es creer en la temporalidad
de sonrisas fotográficas
que son solo llantos escondidos en realidad.
Me entristece el alma
sentir que mi soledad
es mejor que la compañía de las muchedumbres,
de gente que se nombra pero no se sabe.
Me entristece el alma
no ser como ellos,
porque no saben lo que se pierden
al perderse a sí mismos en su nocturno disfraz.
Me entristece el alma
verte perderte en ese mundo…
Me entristece el alma
no poder hacerte entender
que la felicidad está dentro…
Me entristece el alma
no tener dios
y ser más feliz que quien se dice creyente
y quiebra 10 mandamientos más que yo.
Me entristece el alma
ver vampiros que desperdician la noche
en falsedades
y destruyen el día, invisibles,
entre sábanas de resaca.
Me entristece el alma
ver locales llenos de gente triste
que tiene que pagar
para llenarse de químicos
y así creer que matan sus penas
noche tras noche
y que cuando paran a verse como realmente son
solo atinan a huir
y volver a su mundo de fantas(mas)ía.
Me entristece el alma.
Pero me hace feliz darme cuenta.
Y no ser así.
Y que ellos crean que soy menos feliz…
Y que ellos crean que son más felices…
Y que ellos solo crean…
Y que yo sepa…
Me entristece el alma
Sentir tanta paz interior
Y tanta calma…
Tanta calma…
Tanta…
7 de julio de 2009
Adicción
de placer
de alegría
de pena…
Ver tus lágrimas me llena.
Oler tu sangre
en las opulentas venas
de tu cuello inflamado,
por mis dientes tallado
por mis dedos amasado…
Oler tu sangre me llena.
Sentir tus pechos
túrgidos y moribundos,
plenos de deseo
duros de la miel que de ellos bebo
duros de la hiel que con ellos te llevas…
Sentir tus pechos me llena.
Saborear tus muslos
de abajo arriba,
ver temblar tus piernas
cuando mi lengua te investiga
cuando mi lengua te torna en fuente…
Saborear tus muslos me llena.
Oír tus gemidos y tu súplica
de placer, de miedo,
oír tus halagos al arte que nos anuda
cuando te destruyo por dentro
cuando te construyo por fuera…
Oír tus gemidos y tu súplica me llena.
Mis sentidos se consumen en ti
En tus movimientos y ritmos
En tus ruegos y silencios
En tus cimas de sabor y tus simas de sal
En tus aromas de reina y cortesana
En tus formas y tus sombras.
Cada noche de mi vida te sentiré
estés a mi lado o estés con mi soledad.
Cada noche te arroparé en tus pesadillas
y cada día te robaré el recuerdo…
Con lo que vivimos, con lo que morimos,
con lo que aún podríamos seguir viviendo,
con lo que aún quisiéramos seguir muriendo.
Eres el ataúd de la mujer que conocí
y yo yazco en ti eternamente.
5 de julio de 2009
La basura
sobre cómo diferenciar
la basura de las joyas.
Esa es la gran enseñanza
de nuestros cansados días.
Si algo te llega fácil
duda de su real brillo.
Quien se regala rápidamente
no vale nada absolutamente.
Una bella cáscara no dura
y cuando se acaba su brillantez
solo queda el apestoso vacío
de aquella basura interior que solo supo
dedicar sus días a su disfraz.
Pena me da la basura.
Ese es el único sentimiento que me produce
quien no se valora a sí mismo
y vive en base a su egoísmo.
Basura:
Apestosa
Sin valor
Sin esencia
Sin vida
Sin importancia.
El destino de la basura es ser usada
y luego arrojada al borde del camino.
No tiene otro uso.
Y las sonrisas de su disfraz,
son solo eso:
Tristes, vacías y dolorosas
sonrisas de un pobre disfraz.
4 de julio de 2009
La grieta en tu corazón
las dudas son solo un reto,
una prueba de valentía
de quien se reconoce cobarde.
Dejarse vencer
por los fantasmas del futuro
solo mata nuestro presente
destruyendo tal vez la única oportunidad de vivir.
Los cuentos de hadas están en el papel.
La vida está escrita de lucha,
de valentía,
de tesoros duros de obtener.
Temor y amor son hermanos gemelos
porque quien no ama no tiene qué temer
y quien teme es porque ama.
Si no importa el amado,
no hay temor que valga.
Solo teme quien sabe que perderá.
Es más fácil correr
reemplazando la desesperación
por algo que nos adormezca.
Luchar requiere de vida,
de fuerza
de entrega
y de valentía.
‘Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde’
reza el sabio adagio.
Perderlo significa que no volverá
y en el fuego de un momento anidará la duda
del calor que uno pudo obtener por siempre.
La felicidad se lucha, no es un regalo.
El éxtasis temporal de momentos
no se compara al orgullo eterno
de haberse ganado a pulso la felicidad.
El cuerpo no ama,
solo ama el alma.
Y el alma solo ama
cuando uno la entrega a la del amado.
Nada es accidental.
Nada es temporal.
Cuando sientas que eres libre
la grieta en tu corazón seré yo.
1 de julio de 2009
Contra el alma
sustraído de la propia esencia,
sintiendo que la soledad en compañía
se nutre del abandono y la indiferencia.
Despierto queriendo ver
-y prefiriendo no sentir-
extrañando sonrisas,
echando de menos palabras,
demoliendo el querer con el saber.
La primera mañana se olvida a sí misma
derrotada por la pena de que no volverá.
Una nueva cicatriz se vuelve nueva herida
y el arrepentimiento se declara quebrado.
Una pena se nutre de otra
queriendo correr de sí misma,
escondiéndose en los recuerdos
de madrugadas tan felices.
Sospechas…
Mensajes…
Señales…
Confusión…
y pena…
La dulzura se estrangula con la sal de la tristeza
de tenerte y no sentirte.
Las venas de este amor
se cortan con tu lejanía.
El idiota más grande ha terminado de escribir
pero su corazón recién empieza a verter savia
pensando que algún día esos sabores volverán
y su alma reposará nuevamente en tu mirada.
El idiota más grande sueña y espera… aún.
28 de mayo de 2009
[A]sombras
esperando que nazca su creador[A]
yo pienso en morir[ME]
yo planeo matar[LOS].
Cuento las horas ante el vacío
[UNO, DOS, DOS Y MEDIO…]
entreteniendo el espacio con estrés
y sueño con soñar
como sueñan quienes cortejan a las sombras.
Mis sentidos,
infecundos,
buscan tus formas
y solo tropiezan con mis horas.
Me sorprendo a mí mismo,
imprudente,
mirando en los ojos del demonio
ante el portón del abismo.
Creo que mis señales no creen que creen
en lo que creen creer
pero sí creen creer en lo que crean.
Se asoma el Sol
y las sombras se estiran…
Tu sueño
-que era capullo-
resurge como polilla
y se estrella
-una vez más-
en la ciega llama de mi vela.
27MAYO2009
24 de mayo de 2009
Mi-santropía
con mi mano
puedo sacudirme
con cada latido
y escupo sobre la creencia
de que seré herido.
Lo que no me/te/nos mata
te/me/nos deja cicatrices.
Mejor que amar
es descubrir
MÚLTIPLES
maneras novedosas
de destruirme y destruir.
Si mi uni-verso debe cesar
yo mismo seré
los cuatro jinetes
los caballos
la Bestia
Babilonia
el mar
la marca
las trompetas
y mi propio Juez.
Y tu Dios será mi excusa.
La mitad del tiempo corto mis heridas
y la otra mitad me la paso
buscando a quién cortar.
Pero
al final
me elevo
INDESTRUCTIBLE Y BELLO
de tu lóbrega noche
y me entrego a mi refulgente oscuridad.
El silencio es bueno cuando yo silencio
pero es malo
cuando alguien me quita el habla.
Mi funeral será perfecto
si la multitud asiste
para certificar
que permaneceré muerto.
Solo es mejor que en soledad.
Solo significa yo conmigo
y nadie robándome
mis insuficientes horas de vida.
Soledad significa
tu cabeza
reposando plácidamente
sobre mi consumido pecho.
No necesito a nadie si no me puedo tener a mí.
Los lloros ajenos
son gusanos
que se nutren
de mi hermoso cadáver.
No quiero en mi vida a nadie
que prefiera
vivir de mí
a morir conmigo.
Necesito de mí
para morir sereno
cortando mis venas con mi sangre
y no con lágrimas de otros.
No, no estás llorando:
esto es sangre en mi hombro.
Desde hoy seré el Monje de la Muerte,
entregado a mí mismo.
Cuando yo soy Dios todos mueren.
20 de septiembre de 2008
Por favor déjame.
Necesito dejarte de lado
Saber que mañana ya no estarás
Invirtiendo tiempo en destruir mi paz
Esta noche debes abandonarme en mis sueños
Dejando que te extrañe hasta que vuelvas
A lo mejor en mucho tiempo
Después de algo de tranquilidad.
10 de febrero de 2008
TU DIOS ES STRETCH
El domingo es día santo, el día para la familia. Los demás 6 días son días antro, los días más familiares. El lunes entra, el viernes sale. El sábado es comodín para el que no trabaja, pero incomodín para el que sí.
El box es como las corridas de toros, pero en blanco y negro y entre iguales. Las abuelas van al casino a ver si algún día ganan más de lo que gastan. Los programas periodísticos son la feria más barata y los noticieros una última cena donde Judas es traicionado por Jesús.
La política es sucia. Pero eres tú el que no se baña. El vampiro hoy viste terno y no capa, la capa es para los caballeros, y ya no hay. Una fotocopiadora es la prolongación del sufrimiento, pero más barata y de menor calidad. Calidad calca.
Tu dios es stretch. Pero, cuando tú estás despierto, es un bostezo interrumpido, una canción sin letra, una empanada sin relleno, una astucia sin guiño de ojos, una caricatura hecha con tinta china en un pedazo de papel higiénico.
Estira a tu dios para que te salve de mi pluma. Disculpa si te molesta que no sea como tú, un títere, y sea una granada. Mis esquirlas se suman a tu acné cerebral, y no hay dermatólogo que te cure. No me pidas que haga algo contigo, porque yo nací para hacerte algo a ti.
Tus matemáticas no me gustan: yo no me sumo, multiplico las formas de dividirme para sustraerme de tu mundo. Y, definitivamente, no tenemos un común denominador. Tú eres par, yo impar. Por eso tu dios es stretch y el mío es mi piel.
Cuando tú dices "nosotros", yo sé que quisiste decir "yo".
ACERCA DEL SIMPLE
El simple es un iconoclasta y un hereje por naturaleza.
El simple sabe amar y odiar con la misma intensidad y sin confundir sus sentimientos.
El simple no gasta sus energías en pedir y esperar, las invierte en buscar y cuestionar.
El simple no se hace el mártir, si tiene que mentir y ocultar su simpleza, lo hace para seguir viviendo, porque no espera recompensas ni teme a castigos de un ser externo a él.
El simple no tiene fe en nada que no pueda controlar ni espera nada que no pueda lograr con su propio deseo y esfuerzo.
El simple reconoce que ser simple en este mundo complicado es doloroso, pero que, a su vez, eso lo llena de emoción y éxtasis.
El simple siempre está queriendo suicidarse, pero no tiene el valor para hacerlo.
El simple se sabe peligroso y se infiltra entre los complicados, es tan buen actor que llega a parecerse a ellos y hasta pueden creerlo el mejor entre ellos. Se ríe con ellos, come con ellos, baila su música, pero sabe que no es de ellos.
El simple odia profundamente a los complicados, pero nunca los incomoda, salvo cuando ellos lo incomodan a él.
El simple tiene un solo mandamiento: "Trata como te tratan y nunca pongas la otra mejilla".
El simple jamás se esfuerza por caerle bien a quien no le cae bien.
El simple es el que acepta su naturaleza y su multiplicidad, no se cubre de preceptos y bellezas inventadas por los históricos poseedores del poder.
31 de octubre de 2007
(retro)Ceder
El dolor no deja salir la creación.
Jamás sentir podré si no siento
Y jamás tinta podré sangrar
Si no sangro.
Camisa de fuerza
Catatónica
Ciudad rodeada de murallas
Neuronas en batalla con ventrículos.
Cielos constipados
Cacerolas sin invitados.
Bilis /
Sangre //
Estrujo ///
Embrujo ////
Desolación y embelesamiento ///// y ///////
Miento.
JEES
30OCT2007
11 de octubre de 2007
La Inquisición más grande
¿Qué nos distingue de los animales no humanos? Filósofos, teólogos y científicos han ensayado numerosas respuestas y podríamos ser suficientemente generosos como para admitirlas todas. Los más materialistas discuten sobre inteligencia e instinto, los más espiritualistas reducen todo a la capacidad de acercarnos a lo divino. Para los fines de esta exposición, prefiero intentar aportar mi propia respuesta, definiendo al ser humano como el único animal capaz de olvidar a propósito para sobrevivir con una precaria sensación de seguridad.
Nadie puede asegurar si existe o no algún dios. El aceptar sin dudas la existencia de un ser superior a nosotros es tan ilógico como el predicar la certidumbre de que no existe. En medio de estos dos extremos se han movido todas las filosofías humanas. Si vivimos una vez, si vivimos varias; si renacemos para vivir eternamente en cuerpo y espíritu o si somos parte de un ciclo de acciones y reacciones que nos llevan de especie en especie, vida tras vida; si todo termina al morir o si realmente es ahí cuando empieza lo real... El ser humano es un tonel de preguntas sin responder donde no importa qué contenido se vierta. Vino, agua o excremento, no importa con tal de que se sienta pleno.
Definiré para centrar mi punto de vista (que de eso solamente se trata esta exposición) fe, religiosidad y religión. Aclaro nuevamente: esta es una interpretación personal, basada en mis años de experiencia y búsqueda, años que hoy me tienen mirando la vida desde un escalón que he marcado con el siguiente eslogan: “La vida no se trata de encontrarse a sí mismo, la vida se trata de crearse a sí mismo”. Ninguno de ustedes tiene el deber de aceptar estas definiciones como si fueran de la Real Academia de la Lengua, ni tampoco pretendo crear nuevas categorías para libros de consulta. Nada sería más contrario al librepensar que defiendo con enfermiza perseverancia y escasa receptividad.
Empiezo con la fe. La fe no es ciega. La fe ve todo y entiende que hay que creer lo que uno no puede explicar. Si yo no creyera que este suelo existe, no podría confiar en que me sostendrá cuando me ponga de pie. La fe es la base de todo conocimiento humano. Para creer que los planetas se sostienen entre sí por la interacción de sus masas que se atraen en un equilibrio matemático inexplicable uno necesita tener fe. A partir de esa fe es que surgen las posibles explicaciones, las fórmulas matemáticas y las leyes de la física. La misma fe que hace que una dama pida a su dios o sus ángeles por el bienestar de su hijo viajante es aquella que hace ganar premios a los más notables científicos.
Pero, ¿qué diferencia a la fe religiosa de la fe científica? ¿La constatación de pruebas? No necesariamente. Es el objeto de estudio más bien. Cuando dejamos de ver para creer y empezamos a creer para ver, es ahí cuando surge la fe religiosa. Cuando sentimos el suelo bajo nuestros pies y creemos en que no nos vamos a hundir en el vacío, estamos ante la fe científica, una fe que recoge su materia prima de la percepción de los sentidos (engañosos, imperfectos, limitados) y que procesa mediante la herramienta de la inteligencia un discurso lógico que ata cabos sueltos y brinda conclusiones repetibles en laboratorios. Cuando tratamos de explicar la aparición de ese suelo, su necesidad y el plan (o el planificador) detrás de este, estamos ante la fe religiosa. La fe científica busca explicar el funcionamiento de lo que existe y la fe religiosa su sentido más allá de lo evidente.
La religiosidad, por su parte, es la forma personal en que cada quien decide vivir su fe religiosa. Cada quien tiene su propio par de ojos y decide mirar lo que más tranquilidad le traerá a su vida. También tiene su propio par de párpados y decide cerrarlos ante aquella información que puede alejarlo de la tranquilidad que requiere para satisfacer sus necesidades más básicas sin cuestionar su propósito en este mundo. Al fin y al cabo, para servirse un plato de comida es necesario tener el hambre suficiente que nos permita comerlo. Como seres libres, tenemos derecho a vivir nuestra propia religiosidad y nadie tiene por qué pretender que adoptemos la suya. Es en este punto donde aparece la necesidad de definir “religión”.
Una religión es la estructura de opresión creada a partir de la religiosidad personal de alguien que pretende mediante ella conseguir algún beneficio personal, ya sea fama, seguidores, poder, dinero o lo que sea que sus carencias lo hagan buscar. Hay personas cuya religiosidad personal es más elaborada y con ella buscan “salvar” a los demás de los “errores” que ellos ya han superado. Por definición, entonces, quien crea o promueve desde una posición de liderazgo una religión tiene un complejo de superioridad que lo hace sentirse un Mesías o un salvador de quienes están en un nivel menor de comprensión intelectual, emocional o espiritual.
Concluimos entonces que es característica intrínseca a las religiones el que busquen sembrar divisiones, sea cual fuere su discurso. Es por ello que a las religiones organizadas suelo llamarlas sectas, ya que representan sectores fundamentalistas del pensamiento humano enfrentados a otros. Por naturaleza son irreconciliables, ya que no pueden convivir dos reyes en un mismo territorio.
Mientras más intereses (o interesados) dirijan una religión, esta se vuelve más cruel. Surgen los enfrentamientos internos y los seguidores –muchas veces un rebaño de personas de buena voluntad y poco interés en pensar que solo necesitan alguien que los lidere para sentirse seguros- quedan a la merced de sus líderes, personas generalmente no bien intencionadas con agendas propias que pretenden –con el esfuerzo, la limosna y el servicio de otros- recibir un premio eterno (o, si son descarados, inmediato) a su “superioridad” e incuestionable liderazgo descendido de los cielos.
La crueldad interna de una religión se vuelve hacia fuera de manera absolutamente espontánea y como consecuencia inmediata de su propia existencia. Surge el afán por ganarle a “la otra religión”, que siempre es peor, falsa o malintencionada. Solo cuando la estrategia de la confrontación hace que los adeptos pierdan la credibilidad en sus líderes es que aparece la “aceptación” o la “cooperación”. Pero siempre es una aceptación pública, externa, mientras que en el corazón de la secta solo se cocina el intento de atraer más gente y de menospreciar a quien no piensa igual.
La secta católica desarrolló durante siglos el sistema de proselitismo violento más estudiado –y más olvidado a la vez- de la historia. En la búsqueda por hacerse del poder en todos los niveles –económico, religioso, político, social, educativo, familiar, sexual- se instauró un sistema para juzgar a quienes osaran contradecir el status quo de un imperio que propagaba el amor al prójimo con bulas, veredictos, fuego, suplicios, tecnología de tortura y sujeción, armas y litros de sangre inocente derramada en nombre de la “salvación del mundo”. La “Santa” Inquisición fue el campo de concentración más extendido y apoyado por reinados y naciones en toda la historia.
Todos conocemos, unos más, otros menos, los atroces detalles de las cacerías de brujas, los excesos contra los judíos que no quisieron renegar de la estrella de David para cargar la cruz de Cristo, las matanzas por millares de indígenas que rociaban como última ofrenda su sangre a los Apus y la Pachamama. No solo conocemos todo ello, sino que convivimos con y hasta respetamos a una organización que mató a millones y aceptamos sin chistar que nos planten sus símbolos en nuestras oficinas de gobierno, que juzguen nuestras vidas, que critiquen nuestras estructuras y condenen nuestros hábitos. El gran tirano vino, vio y venció y hoy le ponemos el más alto grado de aprobación en las encuestas de popularidad.
Pero, algunos dicen, ya la Inquisición no existe y la Iglesia Católica ha pedido perdón por sus bestialidades, las cuales –dicen- debemos entender y excusar con la mirada de los tiempos en que sucedieron. Pero, nos hemos dejado engañar, una vez más. Y nos dejamos engañar día tras día.
La Inquisición no mataba cuerpos, eso era un mecanismo secundario para conseguir el fin primordial: cosechar mentes. Sí, al más puro estilo de The Matrix. Ese es el mayor crimen de la Inquisición más grande, la Inquisición de siempre, la que existía antes de las matanzas, las hogueras y las mazmorras, la que sigue existiendo en nuestras escuelas, en las juramentaciones de políticos, en las mesas de los jueces corruptos que no imparten sino que parten justicia, en las urnas construidas arbitrariamente por alcaldes en los parques de los distritos de un país que no tiene religión oficial hace casi 30 años, algo de lo que nadie se ha dado –o no se quiere dar- cuenta.
Cada vez que vemos a un Cipriani sentado a la diestra de un presidente en un acto público, ahí sigue redactando sentencias la Inquisición. Cada vez que un Wojtyla o un Ratzinger reciben a un Excelentísimo señor presidente de algún lado y se toman la foto que saldrá en la primera plana del día siguiente, detrás de las cortinas del salón asoman los cazadores de brujas; cada vez que una pareja no puede dormir porque está juntando centavo tras centavo para bautizar a su recién nacido, ahí está un clérigo condenándolos a la hoguera eterna; cada vez que una mujer llora porque no ha conseguido quién la lleve al altar, ahí están los jueces de la Inquisición sonriendo de lado mientras ella es acusada con miradas de amante de demonios y participante de aquelarres modernos. Cada vez que un político se defiende de un ataque respaldando su integridad moral en sus creencias católicas tradicionales, estamos ante los jueces de la Inquisición que dicen que fuera de su iglesia no hay santidad posible.
La secta más poderosa del planeta, la Iglesia Católica, se ha vestido de oveja para colarse en medio del rebaño y devorar con sus fauces a los cándidos, que son los más. Peor aún, es un lobo vestido de pastor, que ha venido engañando a miles de millones de seres humanos a través de la historia y haciéndoles temer un futuro estructurado en volúmenes de reflexiones teológicas y escatológicas. Controlan mediante el terror a lo desconocido a masas que eligen gobernantes corruptos que transan con el cielo para llenarse los bolsillos en el infierno.
Hay quienes se preguntan lo siguiente: “¿Si Jesucristo regresara, estaría de acuerdo con cómo están llevando sus seguidores su iglesia?”. Muchos se aventuran, desprevenidos, a responder que no. Lo siento, mi experiencia y lo que conozco sobre esta institución tiene que defraudarlos. Jesucristo estaría feliz: a él le encantaba andar entre publicanos, ricachones, glotones, pecadores y prostitutas.
Hágase mi carne
Risas y lamentos perfilados
Heridas henchidas de mí
¿Mendigué acaso el vacío de tu aplauso?
Adules o no allí morarán
Son ayer vuelto mañana
en el tormento de su hoy
Con mi clamor
Con mi calor
Con mi amor
Con mi ardor
Sin importar tu adhesión.
¡Qué? Mi piel no es religión
¡Qué? Mi piel no es secta
¡Qué? Mi piel no es tu otro yo
El que sofocas máscara tras máscara...
Con sangre y tinta
-para mí-
rasgo mi vestidura
¿Desde fuera?
¿Desde dentro?
(Oye, es desde fuera y/o desde dentro).
Tú posees tus historias
-tus monstruos y tus ángeles-
(¿o te poseen ellas a ti?)
Las confiesas entre risas
Las ocultas chorreadas de llanto
Te ensoberbeces con ellas
Te ruborizas por ellas
Yo tengo las mías
y las trajino en procesión
-ermitaña, sin feligreses, sin votos, sin promesas, sin ofrendas-
en el tabernáculo de mi piel
y en las estrías de tu fatigado contrato social.
No te pedí permiso para obrar mi vida
No te di permiso para sancionar mi tinta
No te pedí permiso para componer mis leyendas
No te di permiso para fruncir tu ceño
cada vez que ves los estigmas
del inicio del final de mis tiempos.
Si no eres capaz de descubrirme
en la raíz de mi tinta
¿cómo osas exigirme que te revele
lo que la sangre canjeada me ha dado
y me ha quitado?
10FEB2007
El autor
- Jose Enrique Escardó Steck
- No me gusta mi nombre. Quienes me conocen me dicen JEES, pero Google no me deja ponerlo arriba.Fui director de la revista de primaria de mi colegio, entrevisté a un futuro dos veces expresidente del Perú a los doce años y me metí en mi primer lío (serio) por escribir lo que pensaba en cuarto de secundaria.Saliendo del colegio ingresé a la Facultad de Teología porque quería ser sacerdote, pero me curé a tiempo. Luego estudié filosofías orientales y terminé recibiendo iniciación brahmínica en la India en 1994.Fue ahí donde un sadhu leyó mi carta astral y me dijo: "veo comunicación, comunicación, comunicación". No fue una sorpresa.Me gradué de publicista, me dediqué principalmente al Periodismo, soy todo lo contrario a un relacionista público y tomo muy malas fotos pero mi sueño es ser fotógrafo. Por eso prefiero decir que soy comunicador.Entender el internet, las herramientas digitales y las redes sociales se me hace misteriosamente sencillo, así que decidí dedicarme a solucionarle la vida a quienes se les complica con la modernidad.Enseño hace casi veinticinco años. Hace cuatro en la Universidad Inca Garcilaso de la Vega y hace uno en el Instituto San Ignacio (ISIL).El número 3 y sus múltiplos me persiguen. Por eso blogueo de tres maneras:Aunque Facebook no me quiere, algunos de sus usuarios sí.
